Paco Mora. FANTASMAS EMBOTELLADOS

Fantasmas embotellados

 

La humana necesidad de envasarlo todo viene de antiguo, lo cual está bien cuando se trata de latillas de escabeche, por aquello de que el diario sustento es materia nutricia de cuerpo y alma. Quizá el más moderno afán envasador sea el que atañe al arte y otras tontunas, no sé con qué intención, pues según y cómo algunas artes no son materia nutricia, que se sepa, de nada. Ahí tenemos a artistas pioneros como Duchamp o Manzoni que metieron en conserva sus inefables “Aire de París” y “Mierda de Artista”; o a los maestros del souvenir de Hong Kong, que antes de independizarse del anglosajón llenaron miles de frascos de vidrio con el último aire británico de Hong Kong para revendérselo después a los ingleses, claro. Pues bien, lo más novedoso al respecto lo ofrece ahora un chisgarabís que vende fantasmas embotellados (con certificado de garantía), cazados en casas encantadas y otros lugares donde moran los espíritus; eso sí, con la instrucción expresa de no abrir la botella, porque como es sabido los fantasmas pueden dar mucho susto. Hombre, yo creo que ya que te venden un alma en pena, mejor que sea maja, como la de la lámpara de Aladino o así. Claro que este tipo de entes espirituosos no son muy de fiar, como nos demuestra el gran Stevenson en su genial cuento “El diablo de la botella”. En fin. En realidad yo sólo quería constatar hoy que el hombre avanza imparable y en derechura hacia su doctorado cum laude en imbecilidad. Gracias a Dios ya estamos un poco más cerca de conseguirlo.

 

El Día de Cuenca
23 de julio de 2008.