Paco Mora. MÁSCARAS Y MASCARADAS

Móscaras y mascaradas

 

Para explicar la fijación del hombre por el uso de máscaras deberíamos remontarnos al origen de la especie. Es notable la afición de la gente por ocultar el propio rostro tras el rostro de otro, o por camuflar las facciones con las que nos dotó la naturaleza entre esas otras con las que nos habría gustado que nos dotara. De ahí el auge del negocio de las clínicas estéticas. Lo malo es cuando la máscara no es el medio, sino el fin que hará de nuestra vida una mascarada. Uno mira en el periódico el rostro y la facha del hombre, y en esa larga barba blanca (un cruce entre el abuelo de Heidi y un mesías), en esas gafas excesivas y en ese atuendo negro que acentúa su supuesta delgadez (tipo gurú “New Age” o pensador centroeuropeo) es incapaz de reconocer a Radovan Karadzic, aquel sujeto rasurado y corpulento que gustaba vestir ropas militares de camuflaje y que es responsable de la mayor limpieza étnica sufrida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: imposible olvidar la masacre de Srebrenica o el atroz asedio de Sarajevo. Durante 13 años el pájaro ha vivido una mascarada perfecta bajo su máscara de doctor Dragan Dabic: gurú, poeta y conferenciante. ¿Cómo un criminal así podía dar charlas sobre meditación holística y escribir poemas para niños? ¿Qué pensarían de sus versos los más de 1.500 niños que asesinó en Sarajevo? Cuesta creer que semejante genocida pueda tener alguna sensibilidad y más aún pensar que sea de nuestra misma especie. Cuesta, pero es. Y ese es el drama.

 

El Día de Cuenca
30 de julio de 2008.