Paco Mora. DE CABEZA

De cabeza

 

La cabeza es lo que tiene, que como es una olla a presión donde se cuece el complejo potaje que llamamos cuerpo, a veces se disloca, y por estofar la habichuela de un sentimiento nos hierve la berza de una emoción. Y así vamos. Yo conocí a un tipo que decía tener la cabeza a las once, que viene a ser como andar con la cabeza a pájaros pero mirando de reojo el reloj. Alguna vez bromeé con él diciéndole que entonces en Canarias tendría la cabeza a las diez. En cierta ocasión, uno de mi pueblo me confesó que a su padre le sobraba razón cuando le aseguraba que no tenía cabeza. De un tiempo a esta parte he descubierto –me dijo- que lo que yo llevo sobre los hombros es la cabeza de otro. Inconvenientes al margen –continuó diciendo- como el hecho de tener que acatar las órdenes de un cerebro con unos gustos deplorables, la cosa tiene sus ventajas; por ejemplo, puedo darme con la cabeza en las paredes y yo tan telendo, o escarmentar en cabeza ajena sin moverme del sitio. Lo malo, como te digo –concluyó- son los gustos, no sabes la clase de mujeres (tremendas) con las que he de aliviarme, o los platos de alcachofas (me producen urticaria) que debo ingerir conteniendo el vómito. Tras años de ausencia, me encontré con él hace unos días. Si yo llevo la cabeza de otro –me dijo-, otro llevará la mía: tengo que encontrarlo y darle el cambiazo. Desde entonces vivo aterrado. Por cómo dijo que a mí me pirran las mujeres exuberantes y las alcachofas. Y por el cuchillo carnicero que ocultaba bajo la gabardina.

 

El Día de Cuenca
27 de agosto de 2008.