Paco Mora. RUTINA

Rutina

 

Bendito sea San Roberto Belarmino, quien hoy debe haberse caído de su peana. El que me recibe de tan extraño modo, acodado en la barra de nuestro bar de siempre, gesticulando como un poseso y dándole a su voz un tonillo inverosímil, entre histriónico y cheli, es mi amigo Sebastián. Qué clase de saludo es ese, le digo, o es que ya vas cargado. Sí, hombre, sí –replica de inmediato-, cargado de hombros es lo que voy. Digo que hoy es el día de San Roberto Belarmino, aunque tú del santoral pez, claro, y que debe haberse caído de la hornacina de alguna iglesia para que tú te dignes sacarme en los papeles. Pero qué ganso eres, Sebastián, anda, pide unos chatos y deja a la corte celestial en paz, le digo por rematar cuanto antes este diálogo de besugos. Mientras nos apretamos unos vinos, a lo largo de la tarde Sebastián va entrando en una especie de bilis negra que termina por desbaratar la conversaci´n. Su voz es cada vez más neutra y oscura y el monólogo lastimero que sostiene consigo mismo comienza a asemejarse al sonsonete zumbón de una mosca cojonera. Y es que ya no soporto la rutina en la que se ha convertido mi vida, dice Sebastián concluyendo una filípica llena de circunloquios. ¡Acabáramos!, le digo, lo que tú tienes es una depresión posvacacional como un piano. Por supuesto –dice él- y depresión otoñal y síndrome de la vuelta al cole y astenia primaveral, no te jode. Y le da un tiento al vino, y reanuda su monólogo, y la noche va cayendo como un pesado manto. Muy pesado.

 

El Día de Cuenca
17 de septiembre de 2008.