Paco Mora. HOJAS

Hojas

 

En Nueva Inglaterra están preocupados. Los colores del otoño no son ya lo que eran: de la amplia gama de hace pocos años se ha pasado a una paleta cromática monocorde, monótona, desdibujada. Conclusión inmediata y fácil para explicar el mal: el cambio climático. Los ecólogos, botánicos y demás veterinarios de las frutas, legumbres y hortalizas, como cariñosamente los llamé una vez con indisimulada admiración, no lo tienen tan claro; de hecho, para los científicos sigue siendo un misterio y constante motivo de debate encontrar el factor que determina el cambio de color. Lo único cierto es que el tiempo atmosférico juega un papel muy importante. Y digo yo que ahora que comienza el otoño bueno sería vigilar las riberas de nuestros ríos, no nos empiece a pasar a nosotros algo parecido y esta eclosión cromática única en que se convierte Cuenca vaya perdiendo fuelle. Lo cual sería trá para una ciudad que disfruta de uno de los otoños más bellos del mundo y que en su eslogan hace causa de una verdad indubitable: Cuenca, naturaleza y cultura. Se me podrá decir que siempre nos quedará esa otra verdad, má dudosa, de la cultura. Pero no es lo mismo la hoja de un chopo, insuperable, que la superada hoja de un libro, de un bloc de dibujo o de un cuaderno de papel pautado. Ni aunque el 2016 nos trajera la capitalidad cultural europea; cuyo proyecto, por cierto, (quiero pensar que magnífico) conoceremos, supongo, un año de estos. Que sea siquiera unos días antes de 2016, porfa.

 

El Día de Cuenca
01 de octubre de 2008.