Paco Mora. LA BERREA

La berrea

 

Un grupo de zoólogos cordobeses ha logrado filmar, en toda su magnificencia, una berrea. Las pocas imágenes que hemos visto muestran un espectáculo sobrecogedor. Ese bramar de los ciervos frente a un crepúsculo apenas intuido, el entrechocar de las cornamentas de los machos como el eco fabuloso de una batalla incruenta, repetida mil veces hasta dejar claro quién es quién entre los de la especie. Se diría que asistimos a la pura exaltación del machismo cervatil, que después de once meses de abstinencia los más poderosos cornúpetas se ganan a porrazo limpio el derecho a cubrir a cuanta cierva se les ponga a tiro. Nada de eso. Es todo mucho más armónico, natural y sutil; porque es la hembra la que decide finalmente quién será el padre de sus cervatillos, le basta dar un paso adelante para que el ciervo comprenda que no está preparada, se retire y la deje: el único privilegio del macho más macho es el de ser el primero en el cortejo, el primero con posibilidades de ser elegido. Y pienso yo que quizá algo deberíamos aprender de ello, y que algo importante nos hemos dejado por el camino los humanos. De inmediato –no sé por qué ley de equivalencia inversa- he recordado la detención del otro día de más de 120 pederastas: han saltado todas las alarmas, pues el caso ha dinamitado el perfil del pedófilo arquetípico. Urge una reflexión al respecto. Y después, reflexionar la reflexión: ningún detenido es mujer. Ni uno solo. Únicamente machos entre los muy machos de nuestra especie.

 

El Día de Cuenca
08 de octubre de 2008.