Paco Mora. LA CRISIS

La crisis

 

El otro día, una articulista de relumbrón se quejaba amargamente de que ya no haya columna de periódico que no se refiera a esta crisis económica que, más pronto que tarde, acabará con el tejido neuronal de cada quisque. Yo, por mi parte –como bien saben los cuatro o cinco lectores adictos que cada semana siguen estos pocos renglones torcidos- no he entrado en el asunto ni de refilón, entre otras cosas porque he decidido –y me cuesta, me cuesta mucho- no preocuparme demasiado, así nos vayamos sin remedio todos al garete, pues como dice el adagio, es tontería preocuparse: si un problema tiene solución, no es problema, y si no la tiene, tampoco. Para más inri, ello me llevaría a meter el dedo en algún que otro ojo ajeno –los propios ya tienen lo suyo con lo que tienen-, es decir, a entrar en el fondo –en la responsable- de este desastre, que no es otra que la desmedida ambición humana; y por prescripción facultativa tengo prohibido visitar ciertas ciénagas. Por cierto, ¿pagará algún responsable por esta crisis?, porque tendría güevos que con el dinero de todos sufraguemos la usura de unos cuantos y éstos se vayan de rositas. En fin. Pero digo yo que la realidad, la verdad de cada uno, es poliédrica y diversa y muy rica. Además de las financieras, de esas cuentas-galimatías de bancos y usureros, tenemos otras cuentas –pendientes o no- con nosotros mismos y con la vida. Y son estas las que más importan. Sólo es cuestión de ponerse y echarlas. Esas otras cuentas, digo.

 

El Día de Cuenca
22 de octubre de 2008.