Paco Mora. AZNARADAS

Aznaradas

 

Antes de poner el pie en nuestro bar de siempre sé lo que voy a encontrarme. A un ser mohíno, mi amigo Sebastián, sumido en esa melancolía otoñal tan propia de él. Y así es, pegado a su taburete me lo encuentro con el gesto flotando entre los efluvios de la bilis negra, la mirada perdida en un vaso de vino, casi hablando entre dientes. "¿Qué hay?", me dice. Y yo, por espolearle un poco el ánimo, le contesto: "¿Qué, otra vez con la depre "noviembrera" de todos los años?". "Qué depre ni depre", me replica, "aquí, pensando en estos políticos nuestros, que cada día están más p’allá". "Ah bueno, si sólo es eso", le digo. "¿Te parece poco?", dice él, "tú sabes que yo soy un hombre comprometido políticamente, con la causa conservadora, por supuesto (aunque a ti te joda); pero chico, estas salidas de pata de banco de nuestro ex, Aznar, me ponen de los nervios. Y lo malo es que cada día las prodiga más –sus aznaradas, digo-; aún no se han apagado los ecos de aquellas insensateces que dijo sobre el cambio climático y ahora se descuelga con otras sobre la crisis que también son de aúpa. Te digo yo que los socialistas deben dar palmas con las orejas cada vez que este hombre abre la boca. Y qué quieres, eso me subleva". "Bueno", le digo, "tampoco es para tanto, son simples boutades, para seguir en el candelero; pero en el fondo, como Rajoy, Aznar es un hombre que se viste por los pies". "Ya, pues menos mal", concluye Sebastián, "es un alivio; peor sería que se calzase por la cabeza, ¿no?".

 

El Día de Cuenca
05 de noviembre de 2008.