Paco Mora. AIQUES Y AVERSIS

Aiques y aversis

 

Quizá, querido lector, usted tiemble como yo cada vez que en su casa se avería algo, y ya no tanto porque sepa, como hay Dios, que la reparaciín le va a costar un pico, cuanto porque arreglar el desaguisado le llevará a maltraer durante muchos días: justo hasta ese momento en el que el profesional de turno se digne visitarle; tal vez cuando ya una gotera haya revenido sin remedio la madera de su mueble-bar, cuando no tenga calzoncillos limpios que ponerse después de una semana sin lavadora o cuando un constipado de aúpa le haya masacrado los alvéolos de los bronquios tras varios días de duchas a bajo cero, porque el calentador de agua cascó en pleno diciembre. Entre tanto usted habrá hecho decenas de llamadas telefónicas: "Sí, sí, no he olvidado lo suyo, a ver si me deslío un poco y estoy en su casa", o "Ya, ya, a ver si tengo un hueco y me paso". Pero ni huecos ni deslíos. La clave está en el "aversi", que le soltarán, inexorablemente, una y otra vez. Con nuestros políticos (Zapatero a la cabeza, seguido de cerca por Rajoy) pasa algo parecido. Solo que en lugar del aversi, utilizan con largueza el "aique". Fíjense y verán, de continuo "hay que crear los mecanismos..." (¿qué mecanismos?), "hay que sentar las bases..." (¿qué bases y para qué se sientan?). Antes, estas cosas me enervaban. Ahora no. He decidido unirme al club de los ambiguos y los demagogos baratos y, en mi cháchara diaria, cuelo abundantes aversis y aiques. Y me va mucho mejor en todo, la verdad sea dicha. ¡Ea!

 

El Día de Cuenca
19 de noviembre de 2008.