Paco Mora. LA BOCA

La boca

 

Nunca la oí hablar por boca de ganso, pero sí soltar lo primero que se le venía a la boca, y no con la boca chica aunque, para ser sincero, no se le calentaba la boca así como así. Desde jovencita, siempre anduvo de boca en boca, más por pinturera que por otra cosa y eso que, ante el chisme, jamás se la oyó decir esta boca es mía. Al personal se le hacía la boca agua ante esa boquita de piñón que derretía el hielo de todas las copas y la nieve altísima de las cordilleras. Y es que todo lo que hacía –don y gracia que quiso darle el cielo- le salía a pedir de boca. Fue mi primera novia y de ella guardaba el recuerdo turulato de aquella lejana edad del pavo en la que para nombrar las cosas no hacía falta mentarlas, con la boca quiero decir, porque todo se nos volvía sentimiento y gesto, dedos, p&aiacute;lpito y balbuceo. Por eso, cuando ayer la vi por la tele con esos nuevos labios suyos, labios de pega, labios en falsete de clínica estética fashion, sentí una punzada en el corazón. Alguien había robado mi primer beso, los labios, la boca que me enseñó a besar. Sé, sensato lector, que no podrás creer que un humilde columnista de provincias haya sido alguna vez novio de la que hoy es una de las mujeres más deseadas del planeta. Pero es cierto. Palabra. Claro que como nos advierte Enrique de Hériz en su novela "Mentira" poco importa que me creas o no, porque es "ley de vida: en el preciso instante en que alguien cuenta una verdad, esa verdad se convierte en un cuento". Qué vamos a hacerle.

 

El Día de Cuenca
17 de diciembre de 2008.