Paco Mora. NOCHEVIEJA

Nochevieja

 

Al tío Natalio esto de la Nochevieja ni fu ni fa. O por mejor decir, más fa que fu. Le da cierto yuyo, dice; eso de empezar las campanadas con los pies en un sitio y acabarlas en otro vendría a ser –según su pintoresca filosofía de baratillo- como dar un triple mortal, una cabriola en el aire que sabe Dios cómo parará. Para él ese salto de un año a otro viene a representársele como una especie de metáfora de la muerte, de ese instante fugacísimo en el que el hombre pasa de esta vida conocida al insondable Más Allá. Y de nada vale decirle que el tiempo es pura convención y si lo medimos en horas, días, meses y años es porque queremos que así sea, pero que muy bien podrí contarlo de otro modo, y entonces ni Nochevieja ni Año Nuevo ni nada. El tío Natalio es hombre de convicciones firmes –por no decir cerradas a cal y canto- y de poco sirven argumentos que ni entiende ni querrá entender jamás. El tiempo es tiempo lo midas a palmos o en celemines, asevera. Para más inri, no soporta la moda de las uvas, sobre todo desde aquella infausta Nochevieja en la que a su primo Eliseo se le atascaron los pellejos de las uvas en el galillo y casi la palma. Lo salvó, cuando ya no le quedaba resuello, su hijo, que como estaba estudiando para enfermero tiró de manual e improvisó con un cuchillo de cocina y un boli bic una traqueotomía de urgencia. Para esta noche le hemos preparado, en vez de uvas, doce gusanitos, como a los niños. Aunque conociéndolo no sé yo si no la tendremos. En fin. Feliz Año Nuevo.

 

El Día de Cuenca
31 de diciembre de 2008.