Paco Mora. LA AGENDA

La agenda

 

El día después es lo que tiene, que cuando no se muestra resacoso, cría mala uva. Tras el despiporre de tanta fiesta acumulada hay un día (precisamente hoy, hastiado lector amigo) en el que todo vuelve por donde solía; eso sí, tal vez con alguna mella nueva que agregar a la ya de por sí mellada herramienta. Nada grave, espero. Después de todo, esas opíparas comilonas bien merecen el kilo y pico que, según la báscula del baño, hemos engordado. Aunque si bien se mira, esas básculas no son muy de fiar, y la lorza que se apunta entre el ombligo y el pubis estaba ya de antes. Y en cuanto al bolsillo, pues mira, tanto da un agujero que un socavón, y con crisis o sin ella la cuesta de enero es siempre la cuesta de enero. En lo que a mí respecta, te confieso que lo que peor llevo es lo de los regalos. Entre tantos papanoeles y magos orientales la cosa se ha convertido, muchas veces, en un compromiso absurdo e inútil. Ya me dirás tú, paciente lector, para qué quiere tu cuñado una pluma estilográfica, si la última vez que empuñó un lapicero fue para hacer una muestra en la escuela. En fin. Mi regalo estrella de este año ha sido una agenda. Jamás he usado ninguna. Lo cierto es que esa ristra de días que aún no han sido me da vértigo, porque no sé si representan una esperanza de futuro o una inquietante muestra de lo que pudiendo ser tampoco será esta vez. Supongo que todo es ponerse, aunque como reza la frase del día de hoy de mi impoluta agenda "todos los hombres estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde". Chúpate esa.

 

El Día de Cuenca
07 de enero de 2009.