Paco Mora. YO NO TENGO MÓVIL

Yo no tengo móvil

 

De un tiempo a esta parte todos los estudios sobre fertilidad masculina parecen abocarnos, irremisiblemente, al Apocalipsis. Ya no es que la producción de semen disminuya a ojos vistas entre los hombres de las últimas generaciones, es que, además, el que se produce es de una calidad ínfima. Las consecuencias, dicen, pueden ser devastadoras para la perpetuación de la especie, lo cual, personalmente, no me parece muy grave, primero porque somos más malos que el bicho que le picó al tren, y segundo porque si estamos llamados a extinguirnos estoy convencido de que otros vendrán que buenos nos harán. Lo cómico del caso es que sigamos buscando el peligro en el exterior, entre armas de destrucción masiva y demás zarandajas, cuando el final está en nuestro interior, a la altura de la línea de flotación, aproximadamente.
Pues bien, el pasado lunes los noticiarios nos daban el descabello: los científicos afirman que llevar el teléfono móvil en el bolsillo del pantalón (y aledaños) reduce a papilla a los espermatozoides, por las ondas que emite, se entiende, no por los golpecitos que el telefonillo nos va asestando en los testículos al caminar. Vaya por Dios. A este paso encontrar un espermatozoide en condiciones va a resultar tarea de titanes. De titanas, quiero decir. Claro que esta investigación no parece muy seria. Por ejemplo, no discrimina. No aclara si afecta en igual medida a un hombre metrosexual, a un latin-lover y a un hombre de su casa, pongamos por caso. Tampoco habla de los tonos del móvil. Y sin duda no puede ser igual de pernicioso un tono con un sonsonete de Bisbal, con el himno del Barça, con la canción del verano o con unos acordes de Mozart. Algunos pensarán que el remedio es bien fácil: nos ponemos el aparatejo en el bolsillo de la camisa y alejamos el peligro. Puede. Lo que no sabemos es lo que dirán estudios futuros sobre la incidencia de cardiopatías en los hombres que guardan el móvil a la altura del corazón. La solución, como siempre, la tienen las mujeres, ajenas a estos desajustes genitales porque las muy listas llevan el teléfono en el bolso. Ya les vale. Así, si con el tiempo el bolso se llena de ondas asesinas, se tira, se sustituye por uno nuevo y a otra cosa. En fin. Naturalmente, querida lectora, yo no tengo teléfono móvil.

 

El Día de Cuenca
30 de junio de 2004.