Paco Mora. OJOS, PISTOLAS, STRADIVARIUS

Ojos, pistolas, Stradivarius

 

La pregunta es sencilla: ¿la gente está bien? Porque, según parece, aquí quien no anda chupando candados por las esquinas se entretiene removiendo sus heces con un palito en busca de pepitas de oro. De la galería de enormidades que la realidad más cruda nos trae, me han llamado la atención estos días dos casos. El primero se refiere a un tal Matteo Fedeli, un violinista que tiene la inmensa fortuna de dar conciertos con valiosos Stradivarius que le prestan fundaciones y colecciones privadas. Se entiende, por tanto, que será hombre sensible y un virtuoso. Tocar uno de esos violines supone una emoción indescriptible, dice Fedeli, sobre todo por la relación íntima que se crea entre el músico y el instrumento. Pues bien, el violinista se sube a los escenarios con una Mágnum 357 (cargada, por supuesto) bajo el sobaco. Por si las moscas. No sé yo dónde esconde su lírica una pistola. O quizá sí la tenga y esas notas deliciosas extraídas al Stradivarius, enredadas en el frío metal del arma (con una pizca de pólvora en el ánima) produzcan pura música celestial. Sin palabras. Este año tocará en Valencia. El segundo caso es el de un parricida múltiple que en el corredor de la muerte (en Dallas) se ha arrancado los ojos con sus propios dedos y se los ha comido. Y uno se pregunta si lo habrá hecho por borrar de su retina la imagen de sus atroces crímenes o, quizá, por no ver ese otro crimen que cometerán con él cuando le den matarile por prescripción gubernativa. O por ambas cosas. Para llorar.

 

El Día de Cuenca
21 de enero de 2009.