Paco Mora. NOUVELLE VAGUE

Nouvelle vague

 

Cincuenta años ya desde que Jacques Brel grabara aquella obra maestra: "Ne me quitte pas", Ingmar Bergman estrenase "Fresas salvajes" y Eugène Ionesco hiciera lo propio llevando a escena "El rinoceronte". Justo al tiempo que aquel genial grupo de críticos y cineastas franceses (Truffaut, Chabrol, Rohmer, Godard, Rivette, Resnais, Malle...) acuñaban un término nuevo, “Nouvelle vague”, que vendría a revolucionar nuestro modo de ver una película y que, a la postre, se convertiría en el movimiento cinematográfico más conocido y reconocido tras el neorrealismo italiano. Ese puñado de artistas rodaban sus películas con presupuestos de risa, hacían saltar por los aires las reglas del cine convencional (el guión, la planificación, el montaje) y, sorprendentemente, tenían éxito; porque además, la suya fue una revolución sin sangre: con todo su aire vanguardista, ellos profesaban un tremendo respeto por sus predecesores y, amén de su propio cine, nos hicieron ver la obra de John Ford, Rossellini, Lubitsch o Hitchcock con otros ojos: con los ojos del arte. Yo creo que esa fue la aportación mayor de aquellos hombres que inventaron el cine "de autor": devolverle al espectador su dignidad perdida. De meros consumidores nos convirtieron en cinéfilos, en degustadores de películas. Como daño colateral de aquel movimiento llegaría la dudosa moda del cine "de arte y ensayo", que nos hizo tragar delicias pero también tostones a mansalva. Medio siglo. Casi nada. El mundo era tan reciente entonces...

 

El Día de Cuenca
11 de febrero de 2009.