Paco Mora. DISCO DURO

Disco duro

 

La diferencia, lector amigo, entre el disco duro de nuestro ordenador y nuestro cerebro (me refiero a esa parte donde guardamos la malbaratada memoria), además de su capacidad de almacenaje (muy superior la del aparato), es la rigidez del cerebro frente a la alegre ductilidad del disco duro (y eso que es duro) que puede ir renovándose a conveniencia. Todos hemos deseado alguna vez borrar de nuestra mente tal o cual hecho infortunado que arrastramos desde hace años, pero no hay manera, vuelve una y otra vez a la memoria poblando de fantasmas nuestros sueños. En el ordenador basta un clic para destruir un archivo molesto. Pues bien, unos investigadores de Ámsterdam han dado con el talón de Aquiles de nuestra cabeza y, según parece, han demostrado que con el cerebro se puede actuar, poco más o menos, como con un disco duro. Un clic y adiós a ese miedo a las ratas o a aquella fobia paralizadora. Y lo han logrado con un simple fármaco. La pregunta es si, avanzando en esta línea, además de borrar los "malos recuerdos" conseguirán formatear por completo nuestro cerebro, y si así fuera qué consecuencias tendría, pues como dice el lugar común, si olvidamos nuestro pasado no hay futuro ya que estamos condenados a repetirlo. Aunque quizá fuera al revés y regresáramos al Paraíso, a un hoy continuo y sin lastre. Sin el recuerdo de aquel tipo que cercó por primera vez un trozo de tierra y dijo: "esto es mío" (causante de todos los males de la historia, sin duda), no habría cercados que valgan. ¿O sí?

 

El Día de Cuenca
18 de febrero de 2009.