Paco Mora. AGUA DEL GRIFO

Agua del grifo

 

Sin capacidad para soñar al hombre habría que cambiarle el alias, pues es esa capacidad, junto a la de dar amor, la que nos otorga nuestra condición humana. A veces presunta, ya lo sé, pero permíteme obviar hoy, querido lector, balagueros y lodazales. Quizá por eso nos pasamos la vida soñando. Desde los duendes y hadas de la infancia hasta las más pedestres quimeras de la edad adulta. El escritor sueña su particular Quijote mientras endereza renglones en versos de arte menor, el pintor sus Meninas en tanto adereza paisajes sin figuras, el muchacho mundos virtuales a golpe de chip, y así cada cual. No es de extrañar, pues, que en una sociedad tan mercantilizada proliferen como setas los vendedores de sueños que, halagando nuestra vanidad, nos ofrecen parcelas en Marte a precios de risa o paraísos fiscales en islas paradisíacas donde los cocos dan jugo de absenta. En fin. El último vivales que anda a vueltas con los sueños de las pobres gentes es un joven norteamericano que vende agua embotellada. El agua es de Nueva York y procede del grifo. No engaña a nadie, la etiqueta es clara, y sin embargo se está forrando, porque para muchos de sus compatriotas esa agua es lo más cerca que estarán de la Gran Manzana en toda su vida, cuando sus sueños siempre se pasearon, precisamente, por las aceras de Manhattan. El drama de estos tiempos es que, al final, nos convencerán de que para ser felices debemos comprar nuestros propios sueños. O, a lo peor, un sucedáneo del sueño de otro.

 

El Día de Cuenca
11 de marzo de 2009.