Paco Mora. POBRES DE PEDIR

Pobres de pedir

 

Hay imágenes de la infancia indelebles, a veces simples instantes brevísimos que nos acompañarán ya de por vida. Una de ellas es la de aquellos pobres de pedir que con cierta asiduidad llamaban a la puerta de mi casa. Se presentaban siempre con la misma fórmula: "Ave María Purísima", y de inmediato, agachando la cabeza con cara de pena, tendiendo la mano con recelo y vergüenza, repetían su estribillo: "Una limosna, por caridad". Mi madre, en su humildad, les daba lo que podía: unas rebanadas de pan y unas lonchas de tocino. Más de cuarenta años después, aquella forma de mendicidad que arrastraba sus harapos de puerta en puerta casi ha desaparecido. Ahora el pobre de pedir se ha echado a la calle buscando unas monedas, y a los cubos de basura tras los despojos de nuestra vanidad, sabedor de que con las mondas de nuestra opulencia se alimentaría África. Pues bien, en los Madriles se les ha ocurrido a los políticos (y creo que algo ha tenido que ver en ello Dª Ana Botella) la rutilante idea de multar, con 750 euros del ala, a aquel que sea sorprendido buscando comida en los contenedores. No tengo palabras para calificar la medida. Y digo yo que si por robar media barra de pan que cuesta 50 céntimos han condenado a un mendigo a un año de cárcel, por el impago de 750 euros bien podría caerte la perpetua; y oye, así nadie hurgaría en la basura y todos los pobres de pedir tendrían tres veces al día un plato caliente que llevarse a la boca. Lo de nuestros políticos, para mear y no echar gota.

 

El Día de Cuenca
01 de abril de 2009.