Paco Mora. ARTIFICIOSA NATURALIDAD

Artificiosa naturalidad

 

Cuando las generaciones venideras analicen los signos de nuestro tiempo, las singularidades de esta época tontorra y convulsa, concluirán que fuimos hedonistas a más no poder y unos narcisos de manual tirando a estupidillos y, por tanto, el culto al cuerpo se les mostrará como una de las claves que mejor definen nuestra condición de hombres y mujeres ultramodernos. Los avances científicos han ayudado lo suyo a considerar el propio cuerpo como un nuevo lugar sagrado con derecho a piscina, parcela y mansión tipo jeque, o sea, a ver nuestras abundosas carnes como molde en construcción hasta no lograr –pizca más, pizca menos- ser guapos, según el estándar guaperas al uso. Así, quien no se opera para ponerse unos carrillos de muñeca pepona, lo hace para aliviar de sebo sus michelines o cartucheras; quien no se pone unos labios de cantor de jazz negro, se rellena los molletes del culo. Pero la intervención estrella de las clínicas de estética, por lo que se ve, es la que afecta al pecho femenino. La moda de calzar una talla ciento y pico de sosté se ha universalizado. El problema son las tetas resultantes, que saben a plástico. Pues bien, un hospital británico lo ha resuelto. Ya es posible utilizar células madre –de la grasa sobrante del estómago o los muslos- para aumentar los pechos. O sea que en breve pasaremos de las tetas de plexiglás a estas otras artificiadas de forma natural. La única pega será de tacto. Cómo hacerle saber si palpa un muslo, una panza o un pecho. Pero bueno, bien está.

 

El Día de Cuenca
29 de abril de 2009.