Paco Mora. EN PIE DE RIESGO

En pie de riesgo

 

Mis pies me hablan. Y no crean que es la afirmación peregrina de un tipo enfermo de literatura que inventa novelerías de narrador tronado. Me lo ha dicho mi podólogo, y convendrán conmigo que tratándose de pies su autoridad es incuestionable. Y el caso es que yo ya me figuraba algo. Pero no quería creerlo. Hasta hace unas semanas, cuando recién levantado, mientras me calzaba oí a mi dedo meñique del pie izquierdo advertirme inquieto: "Supongo que te habrás vestido por los pies, porque te espera un día de aúpa”. Uno siempre imaginó que, de poder hablar, los dedos meñique lo harían con una voz susurrada, débil, aniñada, por aquello de ser los hermanos pequeños de la familia dactilar, pero una vez más se demuestra que los juicios previos son pura filfa, pues mi meñique me habló con una voz grave de bajo rebajo de orfeón que daba miedo oi´rlo. Desde aquel afortunado día mantengo entretenidas conversaciones con mis pies. Eso sí, son unos narcisistas patológicos: en cada una de sus frases aparece la palabra pie; que si debo poner pies en polvorosa, que si a ver si de una vez saco los pies de las alforjas, que si no doy pie con bola, que si lo que escribo no tiene ni pies ni cabeza, y cosas por el estilo. Mi podólogo dice ahora que los fumadores tenemos pie de riesgo, o sea, peligro grande de que nuestros pies enfermen. Desde que se ha enterado, el dedo gordo de mi pie derecho no deja de regañarme a todas horas, por ese aspecto gotoso que se le pone a veces. Yo, qué remedio, hago como que no le oigo.

 

El Día de Cuenca
06 de mayo de 2009.