Paco Mora. DECIR AMIGO

Decir amigo

 

Renato, ese personaje creado por mi amigo Ángel Luis Mota, tan plano que se diría de papel, anda descalzo por ahí, dando tumbos, como un sonámbulo. Me lo acabo de encontrar en la calle Tintes, mirando abstraído el lento fluir del Huécar, tiritando de pena y de miedo. Cuando me ha visto se ha echado en mis brazos como un niño asustado y me ha susurrado unas palabras ahogadas: "¿Qué será de mí ahora? ¿Dónde iré que no me pierda?". Hemos llorado juntos un buen rato. En silencio. No tengo palabras, le he dicho, ni una sola, porque ¿cómo se conjuga un sentimiento?, ¿cómo decir amigo, Ángel Luis, sin morirse a chorros, sin maldecir a esa dama negra, la innombrable, la desatenta? Es curioso, viejo amigo, toda la vida intentando domeñar palabras –tú sabes como nadie de eso-, procurando pulirlas, darles la vuelta por extraerles todo su jugo, su sonido mejor, el más puro, y qué paradoja, qué pobre y torpe herramienta se tornan las palabras cuando se trata de verse las caras con la realidad, con la más cruda y sin afeites: se me desmoronan como un frágil castillo de naipes, y qué huecas y quebradas me suenan. Y eso que yo solo vengo a esta página –a tu página- a decirte que te quiero. Y que me duele. Mucho. Pero sobre todo vengo a darte las gracias por el regalo de tu amistad, tan luminosa, por el don de tu alegrí, por permitirme durante muchos años ser testigo de tu vida, por ensanchar mi memoria con la tuya ya para siempre. Renato anda descalzo por ahí, pero no debes preocuparte, buen amigo, gracias a ti, él está a salvo del tiempo y sus muchas usuras. Lo más doloroso, Ángel Luis, es que desde hoy el mundo, sin ti es un poco menos habitable. Bendito seas, mi amigo. Siempre.

 

El Día de Cuenca
13 de mayo de 2009.