Paco Mora. LAS LÁGRIMAS

Las lágrimas

 

Dice la revista que leo con desgana que los humanos somos las únicas criaturas del planeta que lloramos de emoción, aunque más que al sentimiento, nuestro llanto debe asociarse a la cultura y a la educación recibida, y sin embargo (bendita paradoja) las sustancias que expulsamos por los ojos en forma de lágrimas son toxinas producidas por los sentimientos que, al liberarlas, alivian nuestra angustia. ¡Vaya por Dios! Vivimos siempre equivocados. Uno, llorón por naturaleza, creyó siempre que ese nudo en la garganta que se le ponía en el momento más sentimentaloide y ñoño de una película de Marisol –y que acababa desbordándose en una chota incontenible- era debido a su natural hipersensible, a su párvulo corazón perdido entre una inteligencia emocional más propia de algún personaje de Corín Tellado que de otra cosa. Y ahora resulta que no, que lo mío es cosa de educación y de una cultura que no tengo más remedio que calificar de saldo o de baratillo; y para más inri, me dicen que el sentimiento es tóxico. La caraba. Claro que a ese avispado empresario inglés que ha montado en Londres un bar para llorones deben importarle poco estas monsergas: sabedor de nuestra tendencia lacrimosa, cada día se le pone el local de bote en bote con gente ahíta de vivir su noche triste. "La idea surgió de la novela de Günter Grass "El tambor de hojalata", donde aparece un "bar de la cebolla" en el que la gente se cita para llorar", afirma. Para que luego digan que la literatura no tiene aplicación práctica ni sirve para nada. Ja.

 

El Día de Cuenca
01 de julio de 2009.