Paco Mora. EL MOROSO

El moroso

 

El moroso, y me refiero al profesional, no a ese pobre hombre que se queda sin trabajo y no puede hacer frente a sus facturas, es una subespecie dentro de la especie tocada por no sé qué halo pernicioso que lo hace, inexorablemente, como es. Hablando claro y pronto: el moroso nace, se reproduce y muere moroso. Es tan previsible que se le ve venir: yo diría, si se me permite el símil, que el moroso es un sujeto con planteamiento, nudo y desenlace. Debo aclarar que hablo del moroso de comunidad vecinal, de ese señor del 1º izda. o del 6º H que convierte las reuniones de vecinos en un infierno. Simplificando mucho, al moroso podría clasificársele en dos categorías. De un lado está ese tipo huraño, gruñón, torcido de cara, oscuro, malgenio, que es un simple malpaga por su absoluta incapacidad para vivir en sociedad; no deja de ser un cascarrabias (el clásico tocapelotas apóstol del no) que al final se amedrenta –refunfuñando mucho, claro- cuando vienen mal dadas. En el lado opuesto está ese pájaro encantador (más malo que el bicho que le picó al tren) de carrera con pedigrí, coches de lujo, propiedades a tutiplén, vestuario de marca, ego estratosférico y sueldazo, pero, oh paradojas, como no se ocupa de minucias, moroso y sinvergüenza vocacional. Conoce todas las triquiñuelas legales y cuesta Dios y ayuda sacarle dos perras: para cuando el juez lo consiga, ya tendrá otra deuda acumulada y vuelta a empezar. En fin. Dicen que la morosidad aumenta a pasos agigantados. Mala cosa para la buena armonía vecinal es esa.

 

El Día de Cuenca
22 de julio de 2009.