Paco Mora. UNA REFLEXIÓN LITERARIA

Una reflexión literaria

 

El de la literatura es un mundo extraño. A veces, se diría del revés. Porque en literatura nada es lo que parece. Fijémonos en Byron, por ejemplo. El lord inglés fue hombre de vida intensa, afecto a la causa liberal y próximo al ideario de los libertadores. De él cabría esperar una obra heterodoxa, plena de propuestas arriesgadas e innovadoras. Sin embargo, se empeñó en pulir el verso clásico, en lustrar con esmero la tradición heredada. Sus textos (magníficos, por otra parte) leídos hoy se me figuran el paradigma del conservadurismo. Kafka, por el contrario, fue un hombre gris, con aspecto de murciélago, que llevó una vida aburrida, convencional, callada y de orden encerrado entre las cuatro paredes de su ciudad vieja. De un sujeto así presumiríamos unos tochos de prosa pedestre tan anticuados y huecos como su sombrero. Pero sabemos que, por fortuna, Kafka es el dueño de una obra rupturista, esencial, rebosante de hallazgos, que ha marcado la literatura de todo un siglo. Hay un antes y después de Kafka. De Byron no sé si el después está antes. Uno fue un autor fracasado que no pudo ver su obra en letra de molde, pero tras su muerte, sus libros no han dejado de dar vueltas al globo terráqueo; el otro fue un célebre poeta jaleado por sus contemporáneos: hoy sus obras languidecen en mínimas ediciones destinadas a estudiosos que casi nadie, por desgracia, lee. El mundo de la literatura es mudable y caprichoso pero no cambia ni cambiará, en esencia, nunca. Así que pasen millones de años.

 

El Día de Cuenca
05 de agosto de 2009.