Paco Mora. MALA CONCIENCIA

Mala conciencia

 

Cada época tiene sus ángeles y sus demonios, sus duendes y sus fantasmas, sus neuras y sus desquiciamientos. Este tiempo que nos ha tocado vivir es especialmente puñetero en lo que a crear mala conciencia en la gente se refiere. Arrinconada la iglesia y sus admoniciones como ingratos pecadores, esta descreída sociedad, con sus mandamases al frente, ha tomado el relevo de aquella y parece haberse propuesto amargarnos si nos salimos del redil y osamos desafiar los sacrosantos mandamientos de lo correcto, según la moda imperante, claro. Así, si no calzas una talla 36 date por jodido: como gordo que eres mereces el escarnio de tus convecinos, mereces no tener un puesto de trabajo (¡vaya imagen que daría la empresa contigo!) y es más que dudoso que merezcas asistencia sanitaria; adelgaza de una vez y deja de sangrar a la seguridad social con los mil achaques que te traen tus lorzas. Y no digamos si alguna vez te bebes un chupito de más o fumas: la imagen posmoderna de Lucifer ya no es la de aquel diablillo rojo con cuernos, horca y rabo, no, ahora es un tipo malcarado, cigarrillo en mano y cubata en bandolera, de carcajada cavernosa y enseñando unos dientes podridos. En fin. Quizá ha sido la mala conciencia impuesta la que ha llevado a ese inglés a encerrarse en una isla desierta sin cigarrillos, por dejar de fumar. Lo malo es que puede que, de tanta presión y soledad, regrese contando caballitos de mar con la mirada perdida. O fumando a saber qué raíces de alguna planta autóctona lisérgica. Y tan campante.

 

El Día de Cuenca
19 de agosto de 2009.