Paco Mora. PREGONES Y PREGONEROS

Pregones y pregoneros

 

En agosto se da, sin duda, la mayor concentración de pregones de todo el calendario, como es lógico tratándose del mes festero por antonomasia. Hace unos días pregoné, como buenamente pude, las fiestas de Valdecabras, ese hermosísimo pueblo situado a un tiro de piedra de la ciudad, y eso que el del pregón es un género tan sui géneris que aprecio más bien poco, por no decir nada. Entre otras cosas porque, en el mejor de los casos, el encargado de ponerse frente al atril (un hijo del pueblo o alguien más o menos de letras) se limita a desgranar el repertorio costumbrista/sentimental de siempre y aquello acaba siendo año tras año lo mismo, o más de lo mismo. En el peor de los casos el pregón se encomienda al famosete de turno (si Bisbal es de tu pueblo cómo no aprovechar el tirón) y, claro, su bochornosa alocución plagada de vivas, olés y cuánto quiero yo a mi tierra, suele ser de juzgado de guardia. Pero es que aún puede ser peor. Desde hace ya demasiado tiempo se ha impuesto la moda de invitar a dar el pregón a un político (del grupo afín a la corporación municipal) con lo cual su discurso/tostón se transforma en un pseudomitin, trufado de citas de diccionario, con profusión de loas para los "míos" y pullas sin cuento para el adversario. Infame. Vaya manera de falsificar un género pseudoliterario de por sí dudoso y el arranque de tales o cuales fiestas populares, que si de algo no deben entender es de politiqueos. Ojalá se prohibieran estas prácticas. Y se dignificase un poco la pregonería. Y la prosa.

 

El Día de Cuenca
26 de agosto de 2009.