Paco Mora. LA REALIDAD IMAGINADA

La realidad imaginada

 

Para alguien que cifra buena parte de su quehacer en imaginar fábulas no es fácil admitir que algo (o mucho) de verdad hay en el dicho que afirma que la realidad supera a la ficción. Claro que, si bien se mira, la ficción, como el sueño, no es sino una parte indeleble de la realidad misma: pura materia de la materia humana que nos conforma. Viene el cuento a cuento de dos de esas noticias que en los últimos días han ocupado la letra menuda de los periódicos. La primera se refiere a ese sujeto que robó un cuadro de la Virgen para pagar el aborto de la chica a la que violó. Ante eso lo único que a uno se le ocurre es que tiene que ocurrírsele algo. Inútil. Echarle ficción a la ficción es como comer pan con pan: comida de tontos. La otra noticia contaba lo de ese pobre hombre que ha enfermado de la mollera por ir de compras con su novia en demasía. El infortunado se ha roto de andar siempre de tienda en tienda, hasta el punto de que ya no puede acercarse a un escaparate sin morirse a chorros. No sé si la novia, así como él se ha sacrificado hasta la depresión por ella, podrá renunciar por su chico a su desmedida afición tendera. Dicho lo cual (y a eso íbamos) si yo ahora, amable lector, te cuento aquello que ya te conté de ese hombre que se lanzó en porreta viva desde un 6º piso, con tanta potra que los toldos de una frutería evitaron que se despachurrara, aunque los alambres de la estructura le cercenaron de un tajo, ay, el pene, tú no podrás saber si la noticia es cierta o el fruto de la mente turulata de un autor de ficciones. ¿Y?

 

El Día de Cuenca
02 de septiembre de 2009.