Paco Mora. LA VUELTA AL COLE

La vuelta al cole

 

Sumidos todavía en la bilis negra del síndrome posvacacional, esa chusca enfermedad de nuevo cuño que nos trae por el camino de la amargura, mayormente porque Lisardo, el compañero de oficina de la mesa contigua, es un plasta (aunque buenísima persona) que en nada se parece a esa muchacha dorada de sol y gracia que todas las mañanas tendía su toalla junto a nuestra sombrilla, se nos impone, como cada septiembre, la vuelta al colegio de nuestros chavales. La tele, que como todo el mundo sabe es la que marca el verdadero calendario oficial de nuestras vidas, ya venía anunciando desde hace un tiempo el regreso a los quehaceres rutinarios con la inevitable batería de anuncios de coleccionables de lo más peregrino, pero en rigor no es hasta mañana, con las aulas bullendo de nuevo de chiquillería a la carrera, cuando iniciamos, quiérase o no, la larga travesía de nuestro particular desierto de cada año. La novedad de este curso, en este sistema educativo nuestro que parece haberse propuesto universalizar el regalo porque sí, es la entrega de ordenadores a los alumnos, no sea que además de con otras lagunas nos salgan también analfabetos informáticos, cuando sabido es que si de algo entienden nuestros hijos hoy, ya desde la cuna, es del manejo de pantallas virtuales. En fin. Ni regalar libros, ni titulaciones de baratillo, ni ordenadores mejorará en nada el rendimiento académico, las carencias de un sistema que hace aguas por sus costados, mientras nuestros profesores se esfuerzan por enseñar lo poco que pueden contra viento y marea. O sea, lo de siempre. Embellecer estadísticas, pero de la educación, ¿qué? ¿Dónde?

 

El Día de Cuenca
09 de septiembre de 2009.