Paco Mora. PINK

Pink

 

Hace poco, en la ciudad de Puebla (México) se ha puesto en circulación una flota de taxis rosas. La singularidad de los taxis, amén de su llamativo color reforzado por el logotipo que lucen en las puertas con la palabra "pink", es que al volante sólo hay mujeres y que únicamente transportan a pasajeras, nada de hombres. Los vehículos cuentan con un localizador vía satélite y con un botón de pánico, además de con un kit de belleza (una serie de espejos auxiliares) para que las usuarias puedan "darse una manita de gato", al decir de los mejicanos, o sea, maquillarse durante el recorrido. La medida, que parece nueva pero que no lo es, pues ya circulan con éxito desde hace tiempo taxis rosas en ciudades como Nueva York, Londres, Dubai, Beirut o Moscú, ha sido motivo de rechifla para los lugareños, aunque ya deberían estar acostumbrados a propuestas similares, pues en la ciudad de México hay, desde hace años, vagones exclusivos para mujeres en el metro en horas punta y autobuses, denominados Atenea, que hacen rutas en las que solamente admiten a pasajeras. El fondo del asunto, lo terrible y preocupante, es el porqué de estas iniciativas. Y obviamente no es otro que el escandaloso nivel de agresiones de todo tipo que sufren las mujeres en los transportes públicos, en la vía pública en general. Esa espantosa lacra que aquí llamamos violencia de género y que debe ser poco menos que una perversión congénita, en todo el mundo, en el macho de nuestra defectuosa especie. Cuántos (y cada día más) cifran su condición, su espeluznante "razón", en la bragueta. Para llorar.

 

El Día de Cuenca
04 de noviembre de 2009.