Paco Mora. SEBASTIANADAS

Sebastianadas

 

Ha sido entrar en el bar y verlo pegado a su taburete, acodado en la barra con el vaso de tinto y la mirada perdida en sabe Dios qué regiones ignotas del alma, e intuir que Sebastián anda hoy con el paso cambiado, con las agujas de su reloj girando en sentido contrario al que giran las agujas de todos los relojes. "Dichosos los ojos", me dice por todo saludo, sin mirarme, "¿cuánto hace que no nos vemos tú y yo en estos papeles?". "Un porrón", le digo palmeándole la espalda, "pero nunca es tarde si la dicha es buena, ¿no?". No me contesta. Apura su vino y le pide al camarero unos vasos. Después permanece en silencio un buen rato, se revuelve en su taburete y al fin me mira. "Traes cara de noviembre", dice. "Será que es noviembre", le digo yo, "lo raro sería traer cara de abril". Y tras un silencio le pregunto, "oye, y digo yo, ¿como es la cara de noviembre?". Entonces Sebastián me larga una filípica. Dice que noviembre es un mes con mala prensa, que es un mes que no es, un mes que cae mal, excepto a los poetas, claro, a los que les encanta tirar su tiempo escribiendo versitos del estilo: "el manso crujir de las hojas / borra la huella de mis pasos". "Que ya me dirás tú", me espeta, "que querrá decir semejante chorrada". Y antes de que pueda contestarle, dice: "solo por eso debería estar prohibido". "¿Qué?", le digo. "Noviembre, hombre, noviembre, ¿o crees que yo hablo en metáforas y en realidad me estoy refiriendo a los rifirrafes del PP o a las meadas fuera de tiesto de Zapatero?". Lo dicho, hoy Sebastián anda con la bilis negra del otoño.

 

El Día de Cuenca
11 de noviembre de 2009.