Paco Mora. BICHOS

Bichos

 

Esto no es una columna, son los despojos, en avanzado proceso de descomposición, de una columna. Esta mañana mi ordenador hizo ¡plof! y se apagó de repente. Todo perdido. Incluida la columna que tú, paciente lector, deberías estar leyendo, en lugar de estas palabras a jirones. Creo que mi columna hablaba –aunque no estoy seguro, pues tengo la dudosa facultad de olvidar las frases según las escribo- de ese italiano que ha inventado un dispensador automático de agua bendita, para evitar que los feligreses introduzcan los dedos en la misma pila y se contagien de gripe A. Puede que mi columna terminara con una frase robada a Juan José Millás que dice que la gripe es una enfermedad del alma. El caso es que he sido incapaz de rehacerla. A primera hora de la tarde vino un experto informático y dijo que era un virus. Formateó mi disco duro y lo dejó más vacío que una pila de agua bendita con dispensador. En fin. Inmediatamente me puse a escribir otra columna sobre no sé qué, pero de improviso apareció, dentro de la pantalla, la primera hormiga. Le siguieron otras en comandita. Ante mi asombro las hormigas fueron cogiendo todas las aes de mi texto y desapareciendo por el ángulo inferior izquierdo de la pantalla. En seguida vinieron las cucarachas y se comieron todas las eses, de modo que a esas alturas mi columna era ya un galimatías ilegible. Cuando vi asomar la cabeza de un ratón por la parte superior de la pantalla apagué el ordenador de un zarpazo. He vuelto a mi bic cristal azul. Pero ya era tarde. El periódico tenía que cerrar la edición. Así que aquí me tienes, compuesto, en boli y sin columna.

 

El Día de Cuenca
18 de noviembre de 2009.