Paco Mora. NASCHY

Naschy

 

En la educación sentimental de cada uno juega un papel capital la época y el lugar en que nos vamos dejando vivir, porque queramos o no el hombre se forma y se conforma con lo que hay en cada tiempo, en su tiempo. Y lo que aquí había para los que empezábamos a ser unos cinéfilos impenitentes entre los años 60 y los 70 de la pasada centuria, es decir, cuando uno vivió la pubertad, la adolescencia y los primeros tonteos juveniles, era mucho cine español de género. Yo creo que es la única época en la que el cine patrio pudo convertirse en una verdadera industria. Por la lente de nuestras cámaras desfilaron, a cientos, las películas del oeste, o las de romanos. Pero las que a mí me fascinaban sobre todas eran las de terror (entonces las llamábamos de miedo). Zombis a tutiplén, dráculas a porrillo, hombres-lobo a mansalva, templarios fantasmales a gogó se hicieron dueños de las pantallas. Creo que las vi casi todas, aunque no fuesen toleradas y no me alcanzara la edad. Pero desarrollé ciertas tretas y, con la complicidad de algún portero, salí yo ciscado del cine determinados domingos, a pesar de que mi cama, aunque me negase a reconocerlo, se me llenase de fantasmas por la noche. Sé que muchas de aquellas películas son muy flojas y chorrean sus carencias por cada fotograma, pero tuvo un gran mérito ese cine y, en lo que a mí respecta, sé que no habría escrito algunos cuentos si no hubiese existido. Se ha muerto Paul Naschy, o sea, Jacinto Molina, causante principal (y mi hombre-lobo favorito) de aquellas pelis españolas de miedo. Verán como la próxima luna llena luce un poco más triste.

 

El Día de Cuenca
09 de diciembre de 2009.