Paco Mora. LA VIÑA Y EL MIEDO

La viña y el miedo

 

Dice el dicho que el miedo guarda la viña. De ello saben bastante los tiranuelos que han desgobernado y desgobiernan el ancho mundo, los directivos de muchas cadenas de televisión y multitud de jefecillos menores que hacen de su capa un sayo en las más diversas áreas de la cosa laboral. Pero mira tú por donde, los tiranuelos, los jefecetes y los directivos de la tele se equivocan. Queda demostrado científicamente, según un sesudo estudio de la Universidad de Chicago, que lejos de guardarla, el miedo pocha la viña y la enferma y acaba por agostarla.
En una investigación llevada a cabo con ratones -qué habrán hecho los roedores para merecer tanta tortura de laboratorio- se concluye que los tímidos y los miedosos tienen una vida considerablemente más corta que los echaos p'alante. Es más, se ha descubierto que el miedo a las novedades, por ejemplo, además de acortar la vida perjudica la salud, en el sentido de que hace más insoportable la enfermedad. Eso sí, las causas de la muerte no son distintas entre los miedicas y los valerosos. La explicación cabe buscarla en la variación bioquímica entre unos individuos y otros. La comunidad ratonil miedosa produce ante las situaciones nuevas, desconocidas, una cantidad muy superior de hormonas asociadas al estrés que sus congéneres más osados, y numerosos estudios indican que los cambios cerebrales y las descargas hormonales que provocan estados de tensión crónica desgastan el organismo.
La consecuencia es clara, querido lector: de los audaces es el reino de la tierra. Por lo que a mí respecta, como portador de buena parte de los miedos y fobias catalogados en los manuales de psicología, he decido enfrentarme a mi yo más íntimo e iniciar desde hoy mismo una terapia de choque. Me enfrascaré sin miramientos en la lectura -de corrido- del "Ulises" de Joyce, los discursos de Fidel Castro y las obras completas de Echegaray, Antonio Gala y los "poetas de la diferencia"; me tragaré una a una todas las películas de Mariano Ozores, de Ed Wood, las de "arte y ensayo" de los 70 y las de "Cine de barrio"; me abonaré al Gran Hermano, a Crónicas Marcianas y a Ana Rosa Quintana; escucharé únicamente la música de Bisbal, Bustamante y Julio Iglesias; y cruzaré a diario el Puente de San Pablo a la pata coja. A ver si así paliamos, al menos, los perniciosos efectos de la nicotina, porque entre unas cosas y otras tiene uno la sensación de estar ya en este mundo, desde hace tiempo, de prestado.

 

El Día de Cuenca
11 de agosto de 2004.