Paco Mora. PROPÓSITOS

Propósitos

 

Como pueblo con un acervo refranesco rico y abundoso, lo que nos gusta de verdad es eso que llaman “sabiduría popular” y que en general no es más que una muletilla repetida en el tiempo al buen tuntún. Así, llegadas estas fechas, raro es el paisano que no se ha llenado los bolsillos de propósitos para el 2010, por aquello del “año nuevo, vida nueva”. Claro que los propósitos, grandes o pequeños, muchas veces son débiles, como la carne, o volubles, como la voluntad, y tal día como el de hoy (es 12 de enero mientras esto escribo), pasado el arreón inicial ya nos hemos desinflado y nuestra buena intención anda en la papelera de las ideas extraviadas. Yo conozco a alguien que se propuso adelgazar con la dieta de la berenjena pero hace días que en su casa no entra verdura ninguna. Ayer pillé a mi amigo Sebastián fumando a hurtadillas en el váter de nuestro bar de siempre, y eso que con la campanada final del 2009 aplastó el cigarrillo en el cenicero y anunció muy solemne: “he dado mi última calada”. “Es por mi mujer”, me dijo Sebastián con tristeza, “está tan ilusionada que no puedo defraudarla, así que chitón, porque yo fumar, lo que se dice fumar, no fumo”. Un día me contaron que hubo un tipo, un alma de cántaro, que cada 1 de enero se proponía volar, pero un año tras otro fracasaba porque le faltaban las alas. Hasta que en cierta ocasión se subió a un campanario y dijo: “sí tengo alas, siempre las tuve, pero no se ven porque son invisibles”. Contaban que antes de caer lo vieron aletear, incluso planear un instante con sus alas invisibles desplegadas al modo de un águila. Hay quien en vez de ver para creer incluso se propone creer para ver.

 

El Día de Cuenca
13 de enero de 2010.