Paco Mora. DE PALABROS Y FÚTBOL

De palabros y fútbol

 

Aunque me gusta, no puede decirse que sea muy aficionado al juego del balompié: se cuentan con los dedos de una mano los partidos que he visto en un campo de fútbol. No obstante, mis pajaritos futboleros me informan sobre las anécdotas más jugosas que se viven en los encuentros que disputa nuestra Balompédica Conquense. Entre las curiosidades más chuscas, me dice uno que es digna de ver la actitud que muestran en el campo ciertos aficionados balompédicos de armas tomar, "algunos", continúa, "son hombres bien conocidos y reputados en la ciudad". Según parece –y ya digo que hablo de oídas- son de esos hinchas que desde que se pita el inicio del partido chillan como posesos la larga retahíla de tacos, insultos e improperios en los que abunda nuestro diccionario, mayormente dedicados al árbitro, los linieres y su sufrida parentela, con especial atención a las madres, por supuesto. "Chico", me dice mi pajarito, "se transforman, de verlos en su trabajo a verlos en el campo... pues algo así como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde". Me he acordado de estas fruslerías cuando oigo que en la liga italiana ahora, además de por dirigirse al árbitro de malas maneras, se castiga con tarjeta roja la blasfemia, o sea, "pronunciar el nombre de Dios en vano". Chúpate esa. Si la tendencia es atar corto la lengua del futbolista, quizá no estaría de más inventar la roja directa para el aficionado faltón. Claro que si estos pollos no soltasen su adrenalina en el campo –debe ser algo terapéutico- no quiero imaginar el trato que le darían a ese hombre que acude, pongamos a su ventanilla, a sellar unos papeles. O a pedir un crédito. Pobrecillo.

 

El Día de Cuenca
24 de febrero de 2010.