Paco Mora. DECIMALES

Decimales

 

Durante una época desaparecieron de nuestra vida los decimales y todo se medía, contaba o pesaba en números enteros, sin muletillas. Hacía nada que veníamos de los dos reales, ay aquellos 50 céntimos con agujero con los que mi madre me mandaba a un recado. Era un tiempo en el que las cuentas de un niño se cifraban en perras gordas y aun en perrillas, con las que comprábamos los domingos un cucurucho de pipas y un chicle bazoka. Yo recuerdo a alguno de mis profesores de instituto que, en el colmo de querer aquilatar las notas, nos puntuaba con números imposibles, de tres decimales: Mora, un 6, 747, decía con voz grave; y uno se preguntaba cómo podían medirse hasta el milímetro mis conocimientos sobre la poesía de Bécquer, tan ajena a lo material, a lo que no fuera puro sentimiento. Pero aquel afán por la exactitud se esfumó de golpe: los dos reales, las perras gordas y hasta las calificaciones de nuestros maestros. Y ya todo costaba, como mínimo, una peseta, y pasamos del 4 y pico al insuficiente y del 2 con algo al muy deficiente. Pero hete aquí que con el euro hemos vuelto a cogerle el gustillo al decimal y nuestra vida se ha llenado de nuevo de números con coletilla, y no solo en los precios o en el deporte, donde una milésima de segundo te otorga o quita los laureles, sino hasta en el clima. La monda. Los hombres del tiempo miden ahora las temperaturas con coma, como manda el guión. Con lo cual he descubierto que el termómetro de mi barrio miente, pues redondea y dice que estamos a 1 grado centígrado cuando apenas alcanzamos los 0,7. Y no es lo mismo, Sres. Munícipes (tomen nota), que luego no sabe uno qué chambergo ponerse para salir a la calle.

 

El Día de Cuenca
24 de marzo de 2010.