Paco Mora. MODAS

Modas

 

Hay modas que duran un periquete y otras que van y vuelven como un bumerán. Pero también hay modas que se enquistan en el coleto de la gente, y de moda pasan a uso, de uso a costumbre y cuando quieres darte cuenta son parte del magín colectivo. Quien así se expresa, en esta especie de jerga a medio camino entre el cheli y la sociología de baratillo, es mi amigo Sebastián, que esta tarde, acodado en la barra de nuestro bar de siempre, juguetea con el vaso de vino con expresión marchita. Te encuentro decaído, le digo, ¿no habrás pillado una astenia primaveral? Anda, anda, me responde, no digas tontunas, y los sarcasmos te los metes por donde yo te diga. Sabes, me dice después, lo último en cirugí estética no es ya ponerse tetas de plástico, ni arrancarse lorzas y michelines en plan sacamantecas, ni siquiera inflarse pómulos y labios como si fueras un boxeador despué de un combate, no, lo fashion ahora es hacerse má alto; te meten no sé qué mierda por los talones y hala, creces 5 centímetros como si tal cosa. La reoca. Lo curioso, sigue diciendo Sebastiá, es que lo de alto y bajo debe ser relativo, porque en el reportaje que vi operaban a un tío que medía 1,89. Ya, le digo yo, la criatura tendría problemas de coco, por aquello de no superar la barrera psicológica del 1,90. Aunque lo último en modas, continúo, son esas fiestas en las que hay que ir desnudo de cintura para abajo. Ah, sí, me interrumpe Sebastián, ya sé. Pero no le veo yo la gracia a eso de tener enfrente a un calvo panzón con unos gayumbos deplorables, cubata en mano, intentando ligarse a una rubia en braguitas de encaje. A no ser que sea, claro, una modalidad de risoterapia.

 

El Día de Cuenca
14 de abril de 2010.