Paco Mora. LIBROS

Libros

 

Hay libros que, entre renglones, guardan cargas explosivas de colesterol y de triglicéridos, que viene a ser la nitroglicerina de los libros; al menor descuido, mientras pasas página, te estallan entre los dedos y te ponen perdido el traje de letras muertas. Hay libros reumáticos, artrósicos y artríticos; gastan éstos bastones de filigrana tallados en maderas nobles sobre los que figuran sostenerse en pie como señoritos niquelados de los de toda la vida, pero basta un traspié para comprobar que bajo la piel esconden a un tarambana o a un niño bien venido a menos que atufa a colonia barata. Hay libros con cara de sota, con cara de palo y malcarados que destilan la esencia misma de la contradicción, suelen ser de los que trabucan las letras y van trastabillándose al tres por dos con los signos de puntuación: confunden remediar con remedar, boquete con zoquete y el chocolate con picatostes con el chocolate del loro. Hay libros estrá, de secano, de baratillo, en falsete y libros polizó que van de puerto en puerto mendigando su taleguillo de pobre.

Pero hay libros a montones también –y no me duelen prendas al repetirme- que son nuestro pan tierno de cada día, que dan aliento a nuestra vida y nos ayudan a crecer. Libros libres que velan nuestros sueños y a todos nos conciernen. Ahora que estamos en plena feria del libro, bueno será, amable lector, que bucees entre sus casetas. Y si encuentras un clasicazo de hadas y princesas, mejor: así rabie la ministra Aído, que la necedad es mala compañera de las lecturas de provecho. El viaje puede ser fascinante. Porque allí donde hay un buen libro, no lo dudes, se está hablando de ti.

 

El Día de Cuenca
28 de abril de 2010.