Paco Mora. ÉRASE QUE SE ERA

Érase que se era

 

Érase una vez el hermoso país de Chichinabo. Era un país resultón, aunque modesto. Pero un día, por una de esas raras leyes que gobiernan los sueños fugaces, se creyó el país de Novamás. A los ojos de especuladores y usureros se les figuró entonces aquel territorio como una insaciable Gallina de los Huevos de Oro. Y empezaron a pintar hojas de papel en blanco con billetes verdes, y a meter en burbujeantes pompas de jabón lindas casitas construidas con ladrillos de aire. Los habitantes del país, jijí jajá, viví en ese mundo virtual tan contentos. Y sus gobernantes asentían complacidos. Hasta que ocurrió el desastre. Una aguja de pino traicionera (la naturaleza es sabia) pinchó todas las pompas de jabón y una aciaga lluvia negra desleyó el falso color verde de las hojas de papel. Los gobernantes, asustados, echaron mano entonces de las arcas públicas para, con las perras de todos, sanear la caja privada de los causantes del desastre y así, además engordar aún más sus panzas orondas, el pueblo seguiría alimentando su ilusión. No fue suficiente. De modo que decidieron que la gente llana debí rascarse el bolsillo aunque con ello aumentase la nutrida lista de los mileuristas.

Moraleja: Con la medida se paliaría el déficit ahorrando 15.000 millones. Lo curioso es que en sus últimas cuentas la banca obtuvo unos beneficios de 16.000. ¿Inmoralidad? No. Servidumbres de un sistema injusto, canalla y cainita. Así que votemos con alegría a ZP (el peor presidente de la democracia), o a la única alternativa (¿ ?), su par Rajoy (el peor jefe de la oposición), para que sigan dándonos por ahí. Porque nos gusta tanto que nos den, ¿verdá usté?

 

El Día de Cuenca
19 de mayo de 2010.