Paco Mora. KAERLIGHEDSSAEDE

Kaerlighedssaede

 

Hubo en este país un tiempo infausto en el que una pareja que fuera sorprendida, digamos entre los parterres de un parque, entregada a un casi candoroso magreo, ademÁs de ser multada por "escÁndalo público" por el guarda de turno, debía someterse al escarnio general, al ver publicadas en el periódico sus iniciales –por orden gubernativa- donde venía a tildárseles poco menos que de pervertidos. Claro que el simple hecho de lucir ciertas greñas en el cabello y gastar una barba montaraz te exponía a que te aplicasen una norma cuyo solo nombre asusta: la temida ley de "vagos y maleantes". Tan pacatos y reprimidos eran los gobernantes que la sociedad en su conjunto acabó resignándose a la grisura que lo invadía todo y así, en muchos bares, además del popular cartel de prohibido el cante, la blasfemia y la palabra soez" podía leerse otro: "Quedan rigurosamente prohibidas las manifestaciones amorosas".

Pero los tiempos cambian, y de aquel país de cochambre hemos pasado a su contrario, tomando quizá como modelo –en cuanto a liberació sexual se refiere- a los países del norte. Fíjense, si no, en Copenhague, donde en los autobuses urbanos han instalado los llamados "kaerlighedssaede", o sea, "los asientos del amor", para alentar el flirteo entre pasajeros. Bien es verdad que han sido un fracaso. Lógico, por otra parte. Lo divertido es montártelo en un ascensor, por el morbillo de si te pillará un vecino o no. Si en las casas pusieran "ascensores del amor" nadie los usaría. Entre otras cosas porque a ti, querida lectora, igual te tocaba subir con el baboso del 4º F, o a ti, lector amigo, con la petarda del ático. Y ya me dirá tú la gracia.

 

El Día de Cuenca
26 de mayo de 2010.