Paco Mora. DE MÓVILES Y VÁteres

De móviles y váteres

 

Acodado en la barra de nuestro bar de siempre, mi amigo Sebastián bebe su vaso de vino, a pequeños sorbos, como siguiendo un ritual cuyo alcance no acierto a calibrar. Permanece callado y un tanto mohíno, lo que debería quizá preocuparme dado su genio, tan propenso a la incontinencia verbal. De pronto parece salir de su ensimismamiento y sin venir a cuento me dice: "Tienes razón, un día los auténticos dueños del mundo, o sea, los que manejan las finanzas, la pasta, acabarán convenciéndonos de que para ser felices tenemos que comprar hasta nuestros propios sueños". Como quiera que Sebastián advierte mi contrariedad ante tan extemporáneo comentario, entre otras cosas porque yo no he abierto el pico, prosigue de inmediato: "Me estoy acordando de ese reciente informe de la ONU sobre la India en el que se dice que en aquel país no deja de ser una trágica ironía que sea lo suficientemente rico como para que la mitad de su población posea teléfonos móviles mientras 70 de cada 100 de sus habitantes ni siquiera disponen de un váter donde hacer sus necesidades. Manda güevos. La gente puede coger la ti&antilde;a porque no tiene las condiciones mónimas de higiene pero tan contenta, porque mientras la coge puede mandarle mensajes al vecino y hacerse la ilusió de que está a la última. Un día, los dueños del cotarro hará que cualquier país africano hambriento se gaste lo que no tiene en sus excedentes de televisiones". "Puede", le digo yo, "y además con un solo canal, de cocina por supuesto, para que mientras la gente agoniza de hambre pueda relamerse viendo lo que infla las lorzas del que le vendió la tele”. Sebastián resopla como un buey, y bebe.

 

El Día de Cuenca
02 de junio de 2010.