Paco Mora. DEPORTE DE RIESGO

Deporte de riesgo

 

Los cuatro o cinco lectores que desde hace años siguen esta columna mía me conocen. Y saben que, aun gustándome, no soy muy indulgente con el noble deporte del balompié. Y no lo soy porque el fútbol, hoy, de lo que menos tiene es de eso, de deporte. Siendo generosos se trata de un simple juego donde se ventilan fortunas y, en consecuencia, lo importante son los resultados, las cuentas que van a cuadrar el balance procurando para unos y para otros pingües beneficios. Lo de jugar bien o mal es secundario. Lo de dar espectáculo y currárselo para que el aficionado no se sienta engañ, pues mire usted, vendrá si suena la flauta y por añadidura. Total, por muchas masas fervorosas que arrastre, el fútbol es mero entretenimiento para el pueblo –pan y circo- en el que 22 mozos millonarios en calzones dan patadas a un balón. Sin riesgo. A lo sumo, se exponen a una canilla dislocada, pero con semejantes sueldazos bien vale la pena asumir el peligro. Y conste, faltaría, que yo voy con La Roja y quiero que seamos campeones del mundo, aunque hagamos más ricos a nuestros ricos futbolistas. Lo que uno no podía imaginar es que el fútbol sí fuese un deporte de riesgo, pero para el espectador. Miren lo que pasa en Somalia, donde una milicia integrista islámica anda secuestrando, torturando y matando a quienes ven por televisión los partidos del Mundial. Claro que Somalia nos pilla (creemos) un poco a trasmano. Y no. El extremismo, el fanatismo de toda laya y condición tambié avanza en nuestro opulento primer mundo. Así que los demócratas debemos estar alerta, no sea que un día, mientras coreamos un gol del Niño Torres, se nos atragante la cerveza.

 

El Día de Cuenca
23 de junio de 2010.