Paco Mora. EL BUEN LECTOR

El buen lector

 

El buen lector es, por lo común, un husmeador de librerías que disfruta matando el rato entre anaqueles, ojeando las obras de sus autores más queridos en ediciones nuevas, buscando sabe Dios qué destello que nos pasó desapercibido cuando los leímos en los gastados ejemplares que descansan en nuestra biblioteca. Contaba Jorge Luis Borges que en cierta ocasión lo paró en la calle un desconocido y le dijo: "Usted me ha hecho conocer a Stevenson". Dice Borges que se sintió justificado y feliz, porque el descubrimiento de Stevenson es una de las perdurables felicidades que puede deparar la literatura. El mismo Borges, en el prólogo (de 1984) a un libro de H.G. Wells, escribe: "Lamento haber descubierto a Wells a principios de siglo: querría poder descubrirlo ahora para sentir aquella deslumbrada y, a veces, terrible felicidad". Por eso, además del de revisitar a los maestros, uno de los placeres del lector es el de buscar autores nuevos que, siquiera sea ilusoriamente, le devuelvan la magia de aquellas lecturas asombradas de adolescencia, cuando el mundo estaba sin estrenar y cada palabra leída nos abría el mundo. Un escritor desconocido es una promesa de dicha futura. Por desgracia, esa búsqueda es cada día más costosa ante la ingente cantidad de títulos publicados, donde además las librerías (ese lugar habitable ideado a la medida del hombre) se sustituyen por "grandes superficies" (ese espacio inhóspito hecho para el ganado) y los trabajos del lector/husmeador pueden alcanzar categoría de epopeya. Pero no debemos desistir, porque el hallazgo de un buen autor ignorado, de un gran libro, siempre –no lo dudes- sale a cuenta.

 

El Día de Cuenca
30 de junio de 2010.