Paco Mora. LUGAR DE LA PALABRA

Lugar de la palabra

 

Lo decíamos ayer: a la poesía hay que llegar con lo puesto, sin hacer ruido. Como el viajero que, en una estación de paso, se guarece en un rincón en penumbra de la cantina y fatiga las horas de espera –hasta la llegada de su próximo tren- mirando pasar a las pobres gentes que van y vienen con su hatillo de sueños y temores en bandolera. A la poesía se accede por la ventana (la poesía no tiene puertas), cuando abrimos los postigos para orear los cuartos de atrás, las despensas y alacenas, la cámara donde maduran el vino y los arcones carcomidos de tiempo de la infancia. Porque la poesí es un milagro y, si se la mira a la cara, nos devuelve cumplidos –siquiera sea a través del azogue de un espejo cuarteado- los dones de la tierra. Y es que llueve poesía a manos llenas cuando, los sentidos en vilo, nos disponemos para el banquete de la vida.

Estos días la hermosa localidad alcarreña de Priego, como cada año, se convierte en el lugar indiscutible de la palabra, en el centro de Castilla-La Mancha donde, a su particularísima manera, se celebra en todo su esplendor la poesía. Este año, además, el curso "Leer y entender la poesía" que organiza nuestra universidad regional cada verano, está dedicado a uno de nuestros más grandes poetas –desgraciadamente fallecido-, el inmenso Diego Jesús Jiménez, sin duda una de las voces má honestas, coherentes y singulares del panorama poético nacional de los últimos cincuenta años. Quizá, lector amigo, no es mala idea acercarse por Priego a escuchar a los buenos poetas que allí se dan cita, porque –no me cansaré nunca de repetirlo-, donde se trata de poesí se está hablando de ti.

 

El Día de Cuenca
14 de julio de 2010.