Paco Mora. DE SOLTEROS Y CASADOS

De solteros y casados

 

Tino Pinheiro, conquense de pro pese al apellido portugués, era un tarambana de tomo y lomo, según dicen. Con la mitad de las machadas que le achacaban podría redactarse un completo catálogo de calaveradas para guía de bandarras, perillanes, tunantes, badulaques, crápulas y chiquilicuatros de las ocho esquinas del universo; claro que muchas eran apócrifas y se las adjudicaban de matute a Tino aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, o sea, tirando de su (mala) fama para lavar en pileta ajena los pecadillos propios. Pero no había para tanto. Tino Pinheiro era simplemente el clásico solterón chisgarabís que hacía bandera de su soltería restregándoles su vidorra sin ataduras a los amigos, sometidos todos a las servidumbres del lazo conyugal. Es poco probable que un tipo fondón, alopécico perdido, tirando a chaparro y con una nariz mediterránea tres cuartas más allá de la media, cual era Tino, fuera el causante de tanto vodevil de cama y picardías como querían endilgarle, menos aún de la leyenda que lo retrataba como el amo de la noche en los locales más canallas de la Villa y Corte. Lo cierto y verdad es que los devaneos trasnochatrices de Tino eran de lo más vulgar: de luna a luna se las pasaba acodado en la barra de cualquier pub, dándole al bourbon sin conocimiento y quemando cigarrillos de rubio americano sin parar. De día, si cuadraba, se daba una vuelta por la mercería de su propiedad, por saludar a los empleados, pero por lo común gastaba las horas tumbado en su sofá frente al vídeo y la televisión, viendo películas porno en sesión continua.
Saco a colación a Tino Pinheiro por la noticia con la que nos desayunábamos esta mañana. Los ingleses acaban de concluir un estudio realizado entre solteros, con resultados devastadores: la soltería puede acortar la vida tanto como el tabaco. Los malos hábitos, es decir, las comidas hechas de cualquier manera y a destiempo, el poco dormir, el mucho trabajar y, en definitiva, todos esos desórdenes y vicios tan propios de la vida solteril son mortales de necesidad, por tanto quizá convendría situar a los solteros entre los grupos de riesgo. Quizá mañana sea tarde.
Supongo que los casados deberíamos ponernos como unas castañuelas con la noticia: ya que "ellos" viven como rajás, al menos "nosotros" duraremos el doble. Pero algo no cuadra. El estudio ha debido obviar alguna variable fundamental porque Tino Pinheiro, según me cuentan con más años ya que vergüenza, ahí sigue jijí jajá aplastado en su diván, mientras casi todos sus amigos casados andan criando malvas desde hace tiempo. Chúpate esa. Para que te fíes de los ingleses.

 

El Día de Cuenca
01 de septiembre de 2004.