Paco Mora. PALOY TENTE TIESO

Palo y tente tieso

 

Por aquel entonces los maestros gastaban palmeta, por calibrar los conocimientos adquiridos. Algunos, más escuetos e innovadores, recurrían a la palma de la mano, con la que soltaban guantazos como panes cuando uno fallaba en los dichosos adverbios. Eran los tiempos de "la letra con sangre entra", variante oficial del "palo y tente tieso" que regía la vida de un país sometido a una dictadura que, prietas las filas, se desparramaba en sueños imperiales, con la anuencia de una iglesia que predicaba el amor celestial amenazando con las llamas del infierno, sobre todo en lo tocante al sexto mandamiento, que era el pecado mortal de necesidad entre los pecados de necesidad de los mortales y te mandaba en derechura a las mismísimas calderas de Pedro Botero. A Dios se le dibujaba como un inmenso ojo en forma de triángulo equilátero del que sal&iaacute;an rayas fosforitas y Franco, en justa correspondencia, salía en los retratos con un fondo de yugo y flechas, dispuestas de tal forma que parecía que sus afiladas puntas le salían mismamente de la coronilla. Era la época en la que, un día sí y otro también, nos formaban en filas de cuatro en fondo y se izaban y arriaban banderas con el mismo ritual –trazado a escuadra y cartabón- con el que discurría la vida. Claro que entonces éramos niños y, como no conocíamos otra cosa, todo aquello nos parecía de lo más natural.
No sé por qué escribo –con este sol atorrante- estas cosas. Quizá porque aquel niño que fui –tan feliz- no sabe mirarse en los ojos de este hombre en el que ya no se reconoce. Sí, estoy seguro, en los ojos de mi hija, libre y dichosa entre las olas de esta playa sin yugos ni palmetas.

 

El Día de Cuenca
28 de julio de 2010.