Paco Mora. EN LA PLAYA

En la playa

 

Qué verdad tan verdadera la de esa frase hecha que habla de nuestras "merecidas vacaciones", porque ¿alguien no las merece? Si hasta los médicos las prescriben para romper la rutina cotidiana que a lo largo de un año de monótono trabajo pone en jaque nuestra salud neuronal. Sin duda, las vacaciones preferidas de los espa&intilde;oles son las de playa, luego habrá que concluir que la más terapéutica de las terapias –y no es otra redundancia, como la que abre esta columna- para romper esa rutina que nos atenaza es nuestra mar salada. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Por eso, en lo que a mí respecta, repito ritual playero cada año en mis días de asueto, sin variación alguna: te levantas, bajas al comedor del hotel a desayunar, coges los trastos de la playa, saltas a la arena y plantas la sombrilla, caminas un rato por la orilla del mar sorteando cuerpos gloriosos como el tuyo, te remojas una hora, te tuestas al sol, recoges los bártulos, vas a la piscina del hotel y te pones al baño maría (el agua está como el caldo), tomas una cerveza en la terraza, te cambias los hatos playeros, bajas a comer la misma paella de ayer y las mismas salsas de mañana (todo sabe igual en el bufé, sea carne o pescado), te echas una siesta, más piscina hervida, paseas por el pueblo, otra vez al bufé y a la salsa estándar en la cena, un rato de "animación hotelera" con las simpáticas canciones del verano, y a dormir tras el mojito. Y así todos los clientes del hotel. Día tras día. Como un reloj. ¿Cómo no va a caer uno, cuando regresa, en el temido síndrome posvacacional con la rutina que le espera durante once largos meses hasta tu próxima, imprevisible, excitante playa?

 

El Día de Cuenca
04 de agosto de 2010.