Paco Mora. REENCUENTRO

Reencuentro

 

Yerra el tango que canta que 20 años no es nada. Porque 50 son aún menos. Debe ser cosa de la vida –única responsable de la muerte- que cuanto más va dándote, más te quita; que según avanza, más deprisa corre. A unos cuantos seres maravillosos se les ocurrió el otro día juntarnos en mi pueblo, Valverde de Júcar, a los que nacimos allí en el año 1960. Admito que acudí a la cita con cierta prevención. Primero porque he sido una especie de furtivo de mi tierra, a la que casi no he regresado desde que me marché con apenas 8 años de edad. Y segundo porque me gustan poco este tipo de celebraciones y pensaba –torpe de mí- que me encontraría con unos talludos desconocidos que, como yo, pintarí ya canas, cartucheras, panzas y toda esa serie de estragos que el tiempo marca a fuego en la pobre condición humana. Pues no. Puedo decir, sin rastro de vanidad y aunque sea banal, que la del 60 fue una cosecha "gran reserva"; y afirmar muy alto que en los ojos de esos hombres y mujeres vi a unos amigos que –bendita infancia- acudían conmigo a sus clases de párvulos con doña Mari, y jugaban a moros y cristianos, y se bañaban en el pantano y, los domingos, pataleaban en el cine, y buscaban paloduz, y eran felices y sabios como solo un niño puede serlo. En 1960 nacimos 68 críos en Valverde. Tenía má de 4.000 habitantes. El año pasado nacieron 4 y la villa cuenta con unos 1.200 paisanos. La tragedia de casi todos nuestros pueblos. Pero comprendí (¡cuánto te ha costado, necio de ti!) que como un árbol tengo mis raíces, y por más distancia que la vida ponga de por medio o que la muerte arrastre en su vacío, mi alma permanecerá siempre ahí: soy uno de los vuestros. Mi valle verde del Júcar.

 

El Día de Cuenca
18 de agosto de 2010.