Paco Mora. MOSCAS COJONERAS, MOSCAS DEL VINAGRE

Moscas cojoneras, moscas del vinagre

 

No me negarán que este verano es el de las moscas, que casi como una plaga bíblica nos han invadido más que nunca. Y tan cojoneras como siempre, aunque en el magnífico poema de Machado esas moscas vulgares resulten tan tiernas y evocadoras de todas las cosas. Una pena que haya caído en desuso aquel sencillo matamoscas que nuestras madres esgrimían de continuo en la mano, cual florete, despachurrando a cuanto bicho alado les saliera al paso. Y su razón tenían, pues pocas cosas hay más molestas que una pegajosa mosca tocándote las napias sin cesar, por mucho que intentes espantarla. Pero no está de más recordar, por otro lado, que el hombre es casi un recién llegado a la Tierra, si nos comparamos con los millones de años que multitud de especies de insectos la llevan poblando. Así que un poco de humildad, porque esos seres, qué necios somos, que nos parecen tan insignificantes han sobrevivido –nosotros no aguantarí tanto ni de coña- a todas las hecatombes sufridas por este bello y malherido planeta. Por no mencionar el papel esencial que juegan en el equilibrio del ecosistema, incluso en el que más nos duele. Hará una década que se descubrió la secuencia completa del material genético de la mosca del vinagre –idéntico al nuestro en má de un 60%- incluyendo cerca de 200 de los 289 genes asociados a enfermedades humanas. Hace muy poco, científicos españoles han demostrado que estos dípteros disponen de un mecanismo para destruir las células cancerígenas. Imagínense lo que esto puede suponer para el ser humano en su lucha contra la enfermedad. Por mi parte, me lo pensaré dos veces antes de matar a una mosca. Por muy cojonera que se ponga.

 

El Día de Cuenca
01 de septiembre de 2010.