Paco Mora. MUNDILLO LITERARIO (1)

Mundillo literario (1)

 

Ahora que, con el curso escolar, arranca el curso editorial, bueno será ocuparse de ese mundillo literario –en un par de columnas, el espacio es breve- que desde hace mucho viene oliendo a chamusquina y que no por retratado multitud de veces desde estas líneas mías algo torcidas, ha perdido un ápice de vigencia. Y es que, como decíamos ayer, el de la literatura se parece demasiado al mundo de los ejecutivos. Cada año se inician tropecientas carreras fulgurantes que duran un suspiro. A finales de curso, tropecientos ídolos (de barro, claro) muerden el polvo silenciados, paradójicamente, por los mismos sepultureros que los modelaron. La edición, en España, ha alcanzado tal grado de vacuidad y mercadeo que a veces ha de utilizar trucos de opereta bufa –si no de auténtica cencerrada- para mantener el negocio. Los escritores, novelistas mayormente, surgen a mansalva como los hongos en un lecho húmedo de agujas de pino, abrumando escaparates y expositores con su "novedosísima" y "radical" propuesta narrativa y así, aupados por sonrojantes campañas promocionales, alcanzan sus diez minutos de gloria. En ocasiones, con su obra se amaña un premio de relumbrón que ayuda a cuadrar la caja. La segunda novela que, por exigencias del guión, dan a la imprenta en un pispás, pasa sin pena ni gloria y el editor ha poner en marcha la recicladora de papel. Con la tercera narración, el aspirante a escritor mediático se encuentra en la bonita tesitura de que no hay quien se la publique: el editor cuenta ya en su "cuadra" con un nutrido elenco de bisoños clones cuya apuesta narrativa es –esta vez sí, palabrita del Niño Jesús- rabiosamente novedosa.

 

El Día de Cuenca
08 de septiembre de 2010.